En Rusia, los propietarios de automóviles chinos se enfrentaron a un problema invernal inesperado. Al encender la calefacción de la luneta trasera, el vidrio laminado comenzó a agrietarse.
El factor más común es el funcionamiento incorrecto de la calefacción. Los filamentos, que funcionan según el principio de "más" y "menos", pueden romperse por la más mínima carga. Esto provoca un sobrecalentamiento instantáneo del vidrio, lo que finalmente causa su destrucción.
Los residentes de Siberia ya habían informado de otra avería: la congelación de condensado en el silenciador de los "chinos".
El orificio de drenaje del líquido resulta ineficaz durante el arranque automático prolongado, por lo que la tubería se congela por completo y el motor se niega a arrancar.