¿Por qué el automático "muere" precisamente en invierno?

Cinco factores que los conductores recuerdan demasiado tarde

Con la llegada del frío, los talleres de automóviles tradicionalmente registran un aumento en las solicitudes de reparación de cajas de cambios automáticas. Y la razón de esto no es solo la temperatura bajo cero en el exterior. En la mayoría de los casos, las averías invernales de la transmisión automática son consecuencia de procesos ocultos que los conductores subestiman o no tienen en cuenta en su uso diario.

Analicemos cinco razones reales por las que las cajas de cambios automáticas fallan con más frecuencia en invierno y veamos qué medidas pueden reducir este riesgo.

1. Aceite espesado y falta de lubricación

A temperaturas negativas, el líquido de transmisión inevitablemente se espesa. Incluso un ATF sintético de calidad pierde parte de su fluidez con heladas intensas.

Como resultado, se desencadena una cadena de problemas:

  • la bomba de la transmisión automática no siempre puede crear la presión de trabajo de inmediato;
  • los paquetes de fricción y los bujes comienzan a funcionar prácticamente sin una película de aceite;
  • el desgaste intensivo comienza en los primeros segundos de movimiento.

La situación es especialmente peligrosa cuando el automóvil comienza a moverse inmediatamente después de un arranque en frío sin un calentamiento mínimo. Es importante comprender que una parte importante de los daños en los discos de fricción en invierno se produce en los primeros 5 a 10 minutos después de arrancar el motor.

2. Cargas bruscas en una transmisión no calentada

En invierno, el motor y la caja de cambios alcanzan sus regímenes de trabajo mucho más lentamente que en verano. Sin embargo, muchos conductores actúan según el esquema habitual:

  • inmediatamente colocan el selector en la posición D;
  • presionan activamente el pedal del acelerador;
  • se incorporan al tráfico denso sin detenerse.

Este comportamiento es crítico para una caja de cambios automática. Mientras el aceite permanece frío, el cuerpo de válvulas y los solenoides reaccionan con retraso y la presión en el sistema es inestable. Esto conduce a:

  • golpes y sacudidas al cambiar de marcha;
  • retrasos en la activación de las marchas;
  • desgaste acelerado del cuerpo de válvulas.

Con el tiempo, tales cargas se convierten en un problema sistémico que requiere una intervención seria.

3. Patinaje y intentos de salir de la nieve

Uno de los hábitos invernales más destructivos es balancear activamente el automóvil en la nieve o el hielo. En este momento, la caja de cambios automática funciona en un régimen extremo.

Al patinar:

  • la transmisión automática cambia de marcha repetida y caóticamente;
  • la temperatura del aceite de la transmisión aumenta bruscamente;
  • los paquetes de fricción se sobrecalientan.

Incluso unos pocos minutos de intentos intensos de "liberarse" pueden resultar en:

  • quemado de los discos de fricción;
  • contaminación rápida del ATF;
  • fallo de los solenoides.

Al mismo tiempo, las consecuencias a menudo no se manifiestan de inmediato, sino días o incluso semanas después, cuando la conexión con la causa ya no parece obvia.

4. Condensación debido a los cambios de temperatura

El uso en invierno casi siempre está asociado con fluctuaciones bruscas de temperatura:

  • aire helado en la calle;
  • garaje cálido o estacionamiento subterráneo;
  • múltiples ciclos de calentamiento y enfriamiento durante el día.

Tales condiciones contribuyen a la formación de condensación dentro de la caja de cambios. La humedad se mezcla con el aceite, lo que:

  • reduce sus propiedades protectoras;
  • acelera la corrosión de las piezas internas;
  • afecta negativamente el funcionamiento de la parte electrónica de la transmisión automática.

Los automóviles con alto kilometraje y las transmisiones que no han recibido un mantenimiento completo durante mucho tiempo son los más vulnerables en este sentido.

5. Pérdida de elasticidad de los sellos y fugas

A bajas temperaturas, los elementos de goma, como los retenes y las juntas, pierden elasticidad. Si ya estaban desgastados, el problema se manifiesta de forma especialmente aguda en invierno.

El desarrollo de la situación suele ser el siguiente:

  • aparecen microfisuras;
  • comienza la fuga de aceite de transmisión;
  • la presión en el sistema cae por debajo de lo normal.

El conductor puede tardar en notar el problema, mientras que la transmisión automática ya está funcionando en condiciones de emergencia. El resultado suele ser una reparación seria y costosa.

¿Cómo conservar la transmisión automática en invierno?

El invierno en sí no es una sentencia para la transmisión automática. La mayoría de los problemas se pueden prevenir si:

  • calentar correctamente el vehículo antes de iniciar la marcha;
  • evitar cargas bruscas en la transmisión en frío;
  • no permitir deslizamientos prolongados;
  • controlar regularmente el estado y el nivel del aceite.

El enfoque más sensato es un diagnóstico oportuno ante los primeros signos de alarma. En las primeras etapas, muchas averías se solucionan rápidamente y sin necesidad de una reparación mayor, mientras que la demora casi siempre conlleva consecuencias mucho más graves.

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