La historia del Studebaker Avanti: un fracaso que se convirtió en leyenda

El coche estableció récords de velocidad, sobrevivió a su propia marca y se convirtió en un símbolo de la industria automotriz alternativa de EE. UU.

A principios de la década de 1960, la industria automotriz estadounidense vivía según reglas establecidas desde hacía mucho tiempo: más cromo, carrocerías más grandes y motores más voluminosos. Los coches se volvían más pesados, más anchos y, al mismo tiempo, menos atrevidos en términos de diseño. En este contexto, la aparición del Studebaker Avanti parecía casi una anomalía.

El Avanti R2 parecía un coche de otra época, como si hubiera sido transportado accidentalmente a 1962 directamente desde el futuro. Para Studebaker, este modelo no fue solo una novedad más, sino un intento desesperado de avanzar y salvar a la compañía.

La última oportunidad para Studebaker

A principios de la década de 1960, Studebaker ya estaba perdiendo la batalla contra los gigantes automotrices de Detroit. General Motors, Ford y Chrysler controlaban el mercado, y la que alguna vez fue una marca famosa tenía cada vez menos recursos.

El presidente de la compañía, Sherwood Egbert, entendió que el lanzamiento de otro coche ordinario ya no cambiaría nada. Se necesitaba un coche que hiciera que toda América hablara de la marca.

Así nació el proyecto Avanti.

El nombre se traducía del italiano como "adelante", y esto reflejaba bien la idea del coche. Studebaker intentó crear no solo un nuevo modelo, sino un coche que pareciera varias décadas más moderno que sus competidores.

Un diseño que resultó ser demasiado atrevido

El equipo del famoso diseñador industrial Raymond Loewy, autor de muchos proyectos icónicos, desde locomotoras hasta la botella de Coca-Cola, fue el responsable del diseño exterior.

El resultado fue tan inusual que para principios de la década de 1960 parecía casi impactante.

El coche carecía de la parrilla del radiador habitual. La parte delantera tenía un perfil "de tiburón" liso, la línea del techo recordaba a un avión a reacción, y la silueta de la parte trasera se asociaba más con los cupés GT europeos que con un coche americano típico de esa época.

Una solución aún más inusual fue la carrocería de fibra de vidrio. Para la industria automotriz estadounidense de principios de la década de 1960, esto era extremadamente atípico.

Hoy en día, este diseño parece bastante orgánico, pero en el momento de su debut, el Avanti fue percibido casi como un extraterrestre del futuro.

La versión R2 y el nacimiento del superdeportivo americano

Las modificaciones básicas del Avanti ya parecían inusuales, pero la versión R2 obtuvo una verdadera fama.

Bajo el capó del coche había un motor Jet Thrust V8 de 289 pulgadas cúbicas con un compresor mecánico Paxton. Oficialmente, el motor desarrollaba 289 caballos de fuerza, una cifra muy seria para principios de la década de 1960.

Especialmente si se tiene en cuenta que la era completa de los muscle cars aún no había comenzado. Faltaban varios años para la aparición del Mustang, el Pontiac GTO y el auge de los muscle cars americanos.

Al mismo tiempo, el Avanti R2 ya ofrecía un conjunto de soluciones que más tarde se convertirían en estándar para los coches americanos rápidos:

  • motor sobrealimentado
  • frenos de disco
  • alta velocidad máxima
  • diseño estilo GT

De hecho, el Avanti R2 puede considerarse uno de los primeros superdeportivos americanos de tipo moderno.

Récords de velocidad y declaraciones audaces

Para demostrar las capacidades del coche, Studebaker envió el Avanti a los lagos salados de Bonneville.

Y el coche realmente impresionó. Las versiones especialmente preparadas del Avanti establecieron 29 récords mundiales de velocidad, y algunos coches lograron superar la marca de 170 millas por hora.

Para principios de la década de 1960, tales cifras parecían casi increíbles.

En este contexto, la campaña publicitaria de Studebaker no dudó en utilizar formulaciones audaces. El Avanti fue llamado el coche de producción más rápido de América.

¿Por qué el proyecto fracasó de todos modos?

Paradójicamente, el principal problema del Avanti no fue el coche en sí.

Studebaker simplemente no podía hacer frente a su producción. La fabricación de carrocerías de fibra de vidrio se acompañó de constantes retrasos, la calidad de montaje sufrió y los plazos de entrega se incumplieron regularmente.

La compañía esperaba vender decenas de miles de coches, pero físicamente no podía asegurar el volumen de producción necesario.

Al final, el Avanti fue víctima de la situación financiera de Studebaker, y no de errores de ingeniería.

Ya en 1963, la fábrica de la marca en South Bend cerró.

Un coche que sobrevivió a su propia compañía

La historia del Avanti podría haber terminado aquí, pero sucedió algo inesperado.

Después del colapso de Studebaker, los derechos del coche fueron adquiridos por entusiastas, y la producción continuó bajo el nombre de Avanti II. El coche se produjo en pequeñas series durante muchos años más.

Resultó ser un fenómeno casi único para la industria automotriz estadounidense: un coche que sobrevivió a la compañía que lo creó.

¿Por qué el Avanti se considera hoy un coche especial?

Ahora el Studebaker Avanti R2 se percibe no solo como un coche clásico raro.

Para muchos, se ha convertido en un símbolo de un camino alternativo para el desarrollo de la industria automotriz estadounidense, más audaz, más ingenioso y menos conservador.

El Avanti no logró salvar a Studebaker del cierre. Pero este coche dejó un legado mucho más importante: la prueba de que incluso una compañía al borde del colapso es capaz de crear un coche que sobrevivirá a su propia época.

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