Una nueva patente de Mazda describe un sistema de recirculación de gases de escape (EGR) específicamente adaptado a las características del motor rotativo. Los problemas de emisiones fueron una de las razones por las que la producción del RX-8 finalizó en 2012.
El diseño utiliza dos líneas de escape de rotor diferentes. El flujo más caliente del canal lateral se dirige al turbocompresor, mientras que el flujo más frío del canal periférico pasa a través de un canal integrado al enfriador EGR. Esto utiliza el sistema de enfriamiento estándar del motor, lo que permite eliminar parte de las tuberías externas.
Bajo cargas elevadas, cuando no se requiere la recirculación de gases, se propone dirigir el flujo enfriado a un segundo catalizador. Este esquema debería ayudar a controlar la composición de los gases de escape de manera más efectiva sin complicar significativamente el compacto Wankel.
Esto es particularmente importante para Mazda. La compañía ya está trabajando en tecnologías rotativas y anteriormente mostró el Iconic SP y el concepto Vision X-Coupe. Al mismo tiempo, el motor rotativo moderno ya regresó en el MX-30 R-EV, pero allí solo actuaba como generador para recargar la batería.
La nueva patente es notable porque potencialmente resuelve un problema para otro escenario: un motor rotativo que participa directamente en el funcionamiento del tren motriz. Sin embargo, la patente por sí sola no significa la preparación de un vehículo de producción: Mazda aún no ha vinculado este desarrollo a un modelo específico.
Pero la coincidencia parece demasiado curiosa: la compañía continúa buscando una manera de hacer que el Wankel sea compatible con los requisitos ambientales modernos, lo que significa que la historia del RX-7 y el RX-8 aún no ha terminado necesariamente.