Cómo se arrancaba un coche en la URSS en invierno

Ingenio contra el frío: métodos reales de funcionamiento de un coche en invierno

El automovilista moderno está acostumbrado al arranque a distancia, a los calentadores y a los aceites sintéticos que mantienen la fluidez incluso a temperaturas bajo cero importantes. En la época soviética, el panorama era diferente: los inviernos se percibían como más duros, la técnica requería una atención constante y había que contar exclusivamente con las propias fuerzas. Pero los conductores tenían mucha inventiva.

A continuación, los trucos que utilizaban los automovilistas en la URSS para arrancar el coche en una mañana helada.

En invierno, sin coche si es posible

Muchos propietarios de coches pequeños intentaban no utilizar el coche en absoluto durante la estación fría. Había razones suficientes. Los neumáticos de invierno eran raros en venta libre, las carreteras no se limpiaban con regularidad y el propio coche se consideraba una adquisición cara y escasa. El transporte se guardaba hasta la primavera y la temporada de la dacha.

Sin embargo, algunos conductores utilizaban el coche todo el año. Fueron ellos quienes poco a poco fueron formando todo un arsenal de soluciones prácticas para combatir las heladas.

La preparación otoñal como base del éxito

La experiencia demostraba que la mitad de un arranque invernal exitoso no depende de trucos, sino del estado de la técnica. La batería se revisaba con antelación: se controlaba la densidad y el nivel del electrolito, se cargaba por completo y los bornes se cubrían con grasa sólida para evitar la oxidación. Se regulaba el carburador, el ángulo de avance del encendido se ajustaba estrictamente según las marcas y las bujías se limpiaban de carbonilla o se sustituían por otras nuevas. A menudo se guardaba un juego de cables de alta tensión de repuesto.

La mayoría de los trabajos se realizaban de forma independiente. Había pocos talleres de reparación de automóviles y la capacidad de entender un coche se consideraba una habilidad obligatoria para el propietario. Esta preparación tenía un sentido directo: a cero grados, la corriente de arranque de la batería disminuye aproximadamente un 20-30%, y a menos 18 grados o menos puede disminuir casi a la mitad.

La batería, en un lugar cálido

Una forma común de conservar la corriente de arranque era llevarse la batería a casa por la noche. Después del viaje nocturno, la batería se retiraba y se trasladaba a una habitación cálida, y por la mañana se volvía a colocar en su sitio. Una batería caliente proporcionaba un funcionamiento más vigoroso del motor de arranque. El método requería tiempo y esfuerzo, pero resultaba muy eficaz cuando se aparcaba al aire libre.

Calentar las bujías

Si el motor de arranque giraba, pero el motor no "arrancaba", se pasaba al siguiente truco. Las bujías se desenroscaban, se llevaban a casa y se calentaban en una cocina de gas. Luego se volvían a llevar, normalmente en un cazo metálico, y se instalaban rápidamente.

La explicación es sencilla: el calentamiento permitía eliminar la humedad y la carbonilla, estabilizar la formación de chispas. Además, una bujía caliente elevaba durante un breve periodo de tiempo la temperatura en la cámara de combustión, facilitando la ignición de la mezcla. El método requería cuidado y destreza, pero a menudo ayudaba.

Gasolina en el cárter para diluir el aceite

Por la noche, mientras el motor aún estaba caliente, se utilizaba otro truco. A través del tubo de la varilla de medición de aceite, se vertía en el cárter aproximadamente medio vaso de gasolina, después de lo cual se arrancaba el motor y se dejaba funcionar durante aproximadamente un minuto. El combustible reducía la viscosidad del aceite, lo que facilitaba el arranque por la mañana. A medida que se calentaba, parte de la gasolina se evaporaba.

Precisamente a través de la varilla de medición, la gasolina llegaba más rápido al cárter; si se vertiera a través del cuello de llenado de aceite, una parte importante se evaporaría antes de tiempo. Para los coches modernos, esta práctica es muy indeseable: el aceite diluido realiza peor las funciones de lubricación y acelera el desgaste.

Éter en lugar de aerosol

Hoy en día, los medios de "arranque rápido" se venden en todas partes. En la URSS, su papel lo desempeñaban las mezclas caseras. El éter se podía comprar en la farmacia con receta, después de lo cual se mezclaba con gasolina en una proporción aproximada de uno a siete. El uso de éter puro se consideraba arriesgado debido al peligro de detonación.

Una pequeña cantidad de la mezcla resultante se vertía directamente en el carburador, después de retirar el filtro de aire. También existía un líquido de arranque de fábrica llamado "Ártico", pero se suministraba principalmente a empresas del norte y casi no se encontraba en venta libre.

Calentar el colector de admisión

Para mejorar la evaporación del combustible, algunos conductores calentaban el colector de admisión. Se retiraba el filtro de aire, se cubría el colector con un paño y se vertía cuidadosamente agua hirviendo sobre él. Después de unos minutos, se intentaba arrancar. El metal calentado contribuía a una evaporación más activa de la gasolina y a la formación de una mezcla de trabajo.

En el Extremo Norte, el enfoque era aún más exhaustivo: se instalaba un elemento calefactor eléctrico en el cárter y se conectaba a la red por la noche. Por la mañana, el aceite conservaba su fluidez y el motor arrancaba mucho más fácilmente. En las condiciones del Ártico, esta solución se convertía en una necesidad.

Agua caliente y soplete

El método del agua caliente se utilizaba con más frecuencia en los camiones, donde se utilizaba agua corriente en el sistema de refrigeración. Por la mañana, se vertía un cubo de agua hirviendo en el radiador: el motor se calentaba más rápido y arrancaba más fácilmente. Durante el día, se intentaba no apagarlo, y por la noche se vaciaba el agua a través de un grifo especial para evitar la congelación.

Otro método más arriesgado es calentar el cárter con un soplete. El aceite calentado se volvía menos viscoso, lo que facilitaba el giro del motor. El método se consideraba peligroso para el fuego, pero se utilizaba en ausencia de alternativas.

Hoy en día, estos trucos parecen exóticos. Los modernos aceites de motor, los sistemas electrónicos de inyección y el control automático han simplificado enormemente el arranque en frío. Sin embargo, la experiencia de los automovilistas soviéticos muestra claramente la importancia de los conocimientos técnicos y la capacidad de adaptación a las condiciones. Gracias a las habilidades prácticas y al ingenio, los coches en aquellos años seguían funcionando incluso en las heladas más severas.

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