Shell ha presentado un concepto inusual de coche eléctrico, el Triple 10 Challenge. A pesar de ser un prototipo completo, el objetivo principal del proyecto no es lanzar su propio coche, sino demostrar tecnologías que pueden hacer que los futuros coches eléctricos sean más rápidos, más baratos y más eficientes.
El nombre Triple 10 refleja tres objetivos clave del proyecto: un consumo de energía de 10 km por 1 kWh, una huella de carbono durante todo el ciclo de vida no superior a 10 toneladas de CO₂ equivalente y una carga en menos de 10 minutos.
Los ingenieros lograron cumplir el último objetivo. El concepto es capaz de recargar la batería del 10 al 80% en solo 9 minutos y 54 segundos, utilizando una estación de carga de corriente continua de 175 kW. En comparación, este nivel de potencia ya está ampliamente disponible en las estaciones de carga rápida modernas.
Sin embargo, la principal innovación se esconde dentro del coche. Shell ha desarrollado un nuevo fluido dieléctrico de refrigeración, el Recharge Thermal Fluid, que permite enfriar la batería mediante la inmersión directa de los elementos en un líquido especial. Al mismo tiempo, participa en la refrigeración del motor eléctrico y la electrónica de potencia.
Según la compañía, este sistema de refrigeración unificado es la primera arquitectura de carretera capaz de gestionar eficazmente la temperatura de todos los componentes del sistema de propulsión, incluso durante la carga más rápida.
Shell afirma que la nueva tecnología permite aumentar la eficiencia energética general del coche eléctrico en más del 30% en comparación con muchos modelos modernos. Además, el diseño simplificado de la batería con menos módulos reduce el coste del paquete de baterías en aproximadamente un 25%.
Los desarrolladores también prestaron atención a la sostenibilidad. El concepto presenta una construcción ligera, una batería de capacidad óptima y un amplio uso de materiales reciclables. Al cargarse exclusivamente con fuentes de energía renovables, el ciclo de vida del coche, según los cálculos de Shell, permitirá reducir las emisiones de CO₂ en aproximadamente un 50% en comparación con un coche eléctrico europeo promedio.
El coche en sí tiene el formato de un hatchback compacto de cinco puertas con un interior minimalista, espejos retrovisores digitales, manijas de puertas ocultas y una tira de LED continua en la parte delantera. La empresa Empel Systems fue responsable del sistema de propulsión, y la batería y la integración fueron desarrolladas por el grupo británico RML Group.
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