Los neumáticos de invierno no son solo un trozo de goma, sino un producto de ingeniería complejo que reacciona de forma sensible a las condiciones de uso. Un manejo adecuado puede prolongar significativamente su vida útil y mantener la seguridad en la carretera.
Presión de los neumáticos
Para que los neumáticos de invierno duren el mayor tiempo posible, es importante controlar la presión de los neumáticos. Se recomienda revisarla cada dos semanas y, obligatoriamente, antes de los viajes largos.
La falta de presión acelera el desgaste de los laterales del neumático y empeora el agarre a la carretera, mientras que el exceso provoca un desgaste más rápido de la parte central de la banda de rodadura. Los valores óptimos de presión suelen indicarse en el manual de instrucciones del vehículo y, a menudo, se duplican en el interior de la tapa del depósito de combustible.
Equilibrado y alineación
Después de instalar neumáticos nuevos o realizar cualquier intervención en la suspensión, es importante realizar el equilibrado de las ruedas y la regulación de los ángulos de su instalación. Estos procedimientos, relativamente económicos, garantizan un desgaste uniforme de la banda de rodadura y reducen las vibraciones durante la conducción.
Profundidad de la banda de rodadura
Es fundamental controlar la profundidad restante de la banda de rodadura: el nivel mínimo permitido para los neumáticos de invierno es de 4 mm. El uso de neumáticos con menor profundidad aumenta el riesgo de aquaplaning y reduce la seguridad.
Neumáticos diferentes en un mismo vehículo
No se recomienda instalar en un mismo vehículo neumáticos de diferentes modelos o con diferente nivel de desgaste. Especialmente en invierno, esta combinación afecta negativamente a la manejabilidad y puede provocar una situación de emergencia.
Rodaje y cuidado
Los neumáticos de invierno nuevos requieren un «rodaje»: durante los primeros 800-1000 km de recorrido, se deben evitar los arranques y frenadas bruscas. Esto es necesario para formar una superficie de contacto óptima y una fijación segura de los clavos. Además, en invierno es útil lavar regularmente los neumáticos con productos de limpieza suaves para eliminar los reactivos, la sal y la suciedad. Se debe prestar especial atención no solo a los flancos, sino también a la zona central de la banda de rodadura, donde se acumulan sustancias agresivas.
Sustitución oportuna y estilo de conducción
En regiones con clima inestable, es importante cambiar los neumáticos de verano por los de invierno a tiempo. El uso de neumáticos de invierno blandos a una temperatura demasiado alta reduce su vida útil. También se deben evitar los patinazos frecuentes y las frenadas bruscas. Un estilo de conducción agresivo es especialmente peligroso para los neumáticos con clavos: los clavos se aflojan y pierden agarre. La pérdida de incluso el 20 % de los clavos puede reducir el agarre sobre el hielo en un 15 %, lo que aumenta el riesgo de accidentes y el desgaste prematuro de los neumáticos.
Los neumáticos de invierno influyen directamente en el agarre, la distancia de frenado y la manejabilidad del vehículo. Con un almacenamiento adecuado, un «rodaje» cuidadoso y un control regular del estado, un juego de neumáticos puede durar de forma segura entre 5 y 6 temporadas, conservando sus características de funcionamiento.