El competidor de Tesla Robotaxi es investigado tras 16 accidentes: la industria de los taxis autónomos se enfrenta a un nuevo problema

Los reguladores estadounidenses han iniciado una investigación contra Avride, socio de Uber, por el comportamiento "demasiado agresivo" de sus vehículos

El mercado de los robotaxis vuelve a estar bajo presión tras una serie de incidentes en Estados Unidos. La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en Carreteras de EE. UU. (NHTSA) ha iniciado una investigación sobre Avride, uno de los competidores de Tesla y socio de Uber en el transporte autónomo. El motivo fueron 16 accidentes en cuatro meses de servicio en Dallas y Austin.

Según el regulador, los vehículos con sistema de conducción autónoma realizaban cambios de carril inseguros, chocaban con otros coches y mostraban un comportamiento inestable incluso bajo el control de operadores de seguridad. En uno de los casos, una persona resultó herida, aunque no se registraron lesiones graves.

La particularidad de esta historia es que Avride no es una startup "de garaje". La empresa surgió de las tecnologías de la división de vehículos autónomos de Yandex y hoy utiliza una flota de Hyundai Ioniq 5 con LiDAR, radares y un conjunto de cámaras de visión de 360 grados. El servicio ya está integrado en la aplicación de Uber.

El problema ha surgido en un momento extremadamente delicado para toda la industria. Tesla está preparando activamente el lanzamiento de su propia red de Robotaxi, Waymo está expandiendo la geografía de su servicio, y los principales fabricantes de automóviles están invirtiendo miles de millones de dólares en la conducción autónoma. Pero cada nueva investigación refuerza el principal temor de los reguladores: incluso los sistemas modernos aún no garantizan un comportamiento predecible en el complejo tráfico urbano.

En este contexto, el contraste con Waymo es particularmente notable. La compañía ya reporta cientos de millones de millas autónomas recorridas y un número significativamente menor de accidentes por distancia. Por eso, el mercado se divide cada vez más no en "pilotos automáticos" y coches normales, sino en sistemas de diferentes niveles de madurez.

La historia de Avride muestra una tendencia desagradable para la industria: escalar los robotaxis ha resultado ser mucho más difícil que demostrar la conducción autónoma en condiciones controladas.

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