Lucid Motors se enfrentó a una historia pública extremadamente desagradable: la compañía recompró el Lucid Air del bloguero e ingeniero Jason Fenske del canal Engineering Explained después de muchas fallas recurrentes. El problema es particularmente doloroso para Lucid porque no se trata de la batería o el tren motriz, precisamente las áreas en las que la compañía es considerada una de las más fuertes en la industria de los vehículos eléctricos. El Lucid Air es elogiado regularmente por su eficiencia récord, autonomía y diseño de ingeniería.
Pero en la operación real, el automóvil comenzó a mostrar numerosas fallas de software. Según Fenske, durante 11 meses de uso, el automóvil experimentó problemas con las puertas, el control de clima, Apple CarPlay, el sistema de audio, las cámaras, el maletero e incluso la lógica de retención del vehículo. Uno de los episodios más preocupantes fue el cambio espontáneo del modo Hold a Roll, después de lo cual el automóvil rodó inesperadamente hacia adelante.
Lucid inicialmente intentó reemplazar el automóvil con uno similar, pero finalmente acordó recomprar completamente el Air y compensar todos los pagos de arrendamiento. Este es un caso raro incluso para el segmento de vehículos eléctricos premium.
La historia resultó ser particularmente reveladora para toda la industria. Los automóviles modernos se están convirtiendo cada vez más en vehículos definidos por software, donde la calidad de la experiencia del usuario ya no depende tanto del motor o la suspensión, sino de la estabilidad del software.
Y aquí Lucid se enfrentó a la paradoja de la nueva industria automotriz: la compañía logró crear uno de los vehículos eléctricos más tecnológicos del mundo, pero fue la parte digital la que comenzó a arruinar la impresión del automóvil. Y no se trata de funciones secundarias, sino de escenarios básicos de uso diario.