La industria automotriz de EE. UU. se prepara para una reestructuración masiva de las cadenas de suministro. La razón son las nuevas restricciones que prohíben gradualmente el uso de tecnologías y componentes chinos en los vehículos vendidos en el mercado estadounidense. Si la prohibición del software chino entra en vigor para los modelos del año 2027, las restricciones sobre los componentes de hardware para los sistemas de comunicación y telemática entrarán en vigor a partir de 2030.

En este contexto, los proveedores de electrónica estadounidenses están tratando de ocupar el nicho vacante. Un ejemplo es la empresa Eagle Wireless de Ohio, que está expandiendo la producción de módulos de comunicación para automóviles. Estos dispositivos se utilizan en sistemas de comunicación, navegación, transmisión de datos y servicios remotos. Es esta electrónica la que estará sujeta a los nuevos requisitos.

El principal problema sigue siendo el coste. Según los representantes de Eagle Wireless, los módulos producidos por la empresa son actualmente entre un 5% y un 15% más caros que los productos similares de los fabricantes chinos. Un ex ejecutivo de la industria automotriz de Detroit, al comparar el coste de los componentes electrónicos modernos para los sistemas de asistencia al conductor (ADAS), admitió que le sorprendió la magnitud de la diferencia de precio.

Los fabricantes de automóviles evalúan la situación de manera diferente. En Rivian creen que podrán cambiar de proveedor más rápidamente debido a los volúmenes de producción relativamente pequeños. Al mismo tiempo, las grandes empresas tienen que buscar compromisos. Por ejemplo, Ford intentó anteriormente obtener una exención para el crossover Lincoln Nautilus, que se fabrica en China, pero posteriormente anunció planes para trasladar la producción de este modelo a EE. UU.

Sin embargo, renunciar por completo a las tecnologías chinas no será fácil. Incluso los componentes fabricados en América del Norte a menudo utilizan licencias de empresas chinas. Por ejemplo, Ford comenzó recientemente a producir baterías de tracción en una planta en Michigan utilizando tecnología de la empresa china CATL. Esto demuestra cuán profundamente están integrados los desarrollos chinos en la industria automotriz moderna y por qué la reestructuración de las cadenas de suministro globales llevará varios años más.

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