Daihatsu Charade 926R: el samurái japonés de los rallies

Cómo un modesto hatchback con un motor de menos de un litro se convirtió en una leyenda de los rallies y por qué su camino se truncó junto con el Grupo B

La década de 1980 se convirtió en una verdadera época dorada para la industria automotriz japonesa. Entonces, los ingenieros del país del sol naciente irrumpieron con decisión en los mercados internacionales, creando automóviles que sorprendían por su combinación de tecnología, ligereza y audacia ingenieril. Uno de los ejemplos más interesantes de esa época fue el Daihatsu Charade 926R, un representante pequeño pero brillante del legendario Grupo B de rallies, equipado con un motor de tan solo 926 cm³.

Hoy en día, la marca Daihatsu apenas se escucha fuera de Japón y existe bajo el ala de Toyota, pero en el pasado fue conocida en todo el mundo, desde Europa hasta África y América del Sur. En la década de 1980, el automóvil más reconocible de la compañía fue el compacto hatchback Charade, que combinaba ligereza, accesibilidad y fiabilidad.

De simple hatchback a turborreactor

En la primavera de 1983, salió al mercado la segunda generación del Daihatsu Charade con el índice G11. Bajo el capó, un motor de tres cilindros con carburador de 993 cm³ y 60 CV. Sencillo, económico y resistente: así fue como el automóvil ganó rápidamente popularidad.

Sin embargo, los japoneses no iban a detenerse ahí. Ya en el otoño de ese mismo año apareció la versión Charade Turbo: suspensión mejorada, turbocompresor y 80 CV en lugar de los sesenta anteriores. Y poco después el mundo vio una modificación especial: el Charade De Tomaso Turbo, creado en colaboración con la firma italiana De Tomaso. De la versión estándar se diferenciaba por su kit de carrocería deportivo, un acabado mejorado y el carácter de un verdadero pequeño depredador.

Cuando el reglamento rompe los sueños

Los planes de Daihatsu incluían la participación en el automovilismo, pero las reglas internacionales hicieron sus ajustes. Según el reglamento de la FIA, para calcular la clase, los motores turbo se multiplicaban por un coeficiente de 1,4. Esto significaba que, incluso con un volumen real de menos de un litro, el Charade Turbo entraba en una categoría más pesada: por encima de 1300 cm³.

Para seguir siendo competitivos, los ingenieros de Daihatsu recurrieron a un truco: redujeron el volumen del motor a 843 cm³, manteniendo la potencia en 76 CV. Así nació el Charade 926 Turbo, que recibió una carrocería reforzada, asientos deportivos y un interior aligerado.

Daihatsu Charade 926R Turbo

El automóvil se convirtió instantáneamente en el favorito de los pilotos de rally. Brilló no solo en Japón, sino también en las pistas internacionales. En 1985, el piloto finlandés Kauko Mäkelä ganó en su clase en el famoso Rally de los 1000 Lagos, y el equipo de fábrica de Daihatsu terminó 14º en el legendario Rally Safari, uno de los maratones más agotadores del planeta.

Nacimiento del Charade 926R: sueños sobre el Grupo B

Inspirados por el éxito, los ingenieros decidieron dar un paso más y crear un coche para la categoría más prestigiosa y loca de la época: el Grupo B. Así, en 1985, en el Salón del Automóvil de Tokio, debutó el Daihatsu Charade 926R, un auténtico mini-supercoche.

La novedad recibió una configuración de motor central, y bajo la carrocería se escondía un motor de tres cilindros modernizado de 926 cm³ con sistema de inyección de combustible, culata de 12 válvulas y un potente turbocompresor IHI. El resultado: 120 caballos de fuerza con una masa de solo 690 kilogramos.

Daihatsu Charade 926R

Para comparar: es como si un moderno hatchback urbano de una tonelada desarrollara una potencia de 180-200 CV. El coche tenía una asombrosa relación potencia-peso y se comportaba en la pista como un verdadero bólido de carreras.

Obra maestra de la ingeniería sin futuro

La construcción del Charade 926R se correspondía plenamente con el espíritu de la época. La configuración de motor central proporcionaba una distribución ideal del peso, delante y detrás había suspensiones independientes de doble horquilla, y la carrocería estaba reforzada con una potente jaula de seguridad. Los paneles ligeros de materiales compuestos hacían que el automóvil no solo fuera rígido, sino también extremadamente ligero.

Visualmente, el automóvil se veía rápido y agresivo: un verdadero samurái de los rallies en miniatura. Parecía que a Daihatsu se le abrían nuevos horizontes en el automovilismo.

Sin embargo, el destino fue despiadado. En 1986, tras una serie de trágicos accidentes en las pistas, el Grupo B fue cerrado oficialmente. Para la pequeña empresa de Osaka, esta decisión se convirtió en una sentencia. El proyecto Charade 926R perdió su sentido, ya que sin una clase oficial simplemente no había dónde inscribirlo.

Un pequeño héroe que no ha sido olvidado

A pesar de su corta carrera, el Daihatsu Charade 926R quedó en la historia como un símbolo de audacia ingenieril. Fue un automóvil creado no por el éxito comercial, sino por puro amor a las carreras y la tecnología.

Hoy en día, los ejemplares conservados de este modelo son una gran rareza. Solo se pueden ver en museos o en manos de coleccionistas, pero incluso después de décadas siguen inspirando a ingenieros y fanáticos del automovilismo.

El Charade 926R es un claro recordatorio de aquella época en la que los japoneses construían automóviles no por ganancias, sino por velocidad, emoción y sueños. Un automóvil pequeño, pero verdaderamente grande. Demostró que incluso un motor de menos de un litro es capaz de brindar emociones reales y dejar una huella en la historia del automovilismo mundial.

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