A principios de la década de 2010, Toyota decidió ofrecer su propia visión del transporte para las grandes ciudades. Así nació el Toyota i-Road, un inusual vehículo eléctrico de tres ruedas que era difícil de clasificar en las categorías de vehículos habituales. Combinaba características de un automóvil y un scooter, ofrecía una cabina completamente cerrada y utilizaba un sistema original de inclinación de la carrocería en las curvas.
A pesar de la audaz concepción y el gran interés del público, el proyecto nunca llegó a la producción en serie.
Entre un coche y una moto
Toyota presentó el i-Road por primera vez en 2013.
Por su diseño, el coche se diferenciaba notablemente de los vehículos habituales.
Las características del proyecto eran las siguientes:
- tres ruedas: dos delanteras y una trasera;
- asientos en tándem para el conductor y el pasajero;
- cabina completamente cerrada;
- control mediante un volante y pedales convencionales.
Gracias a la carrocería cerrada, el conductor estaba protegido de las inclemencias del tiempo y no necesitaba casco de moto. Además, en algunos países no se requería licencia de motocicleta para conducir este tipo de vehículo.
La característica principal: la inclinación en las curvas
La tecnología más inusual fue el sistema patentado Active Lean.
Al tomar las curvas, la suspensión delantera inclinaba automáticamente la carrocería hacia el interior de la curva.
Esta solución permitía:
- aumentar la estabilidad;
- hacer la conducción más natural;
- acercar la sensación de conducción a la de una motocicleta sin perder la comodidad de un automóvil.
El funcionamiento de Active Lean se convirtió en una de las características más comentadas del i-Road después de su presentación.
Diseñado para viajes cortos
Toyota concibió inicialmente el i-Road como un medio de transporte exclusivamente para uso urbano.
Sus características eran bastante modestas:
- velocidad máxima: 60 km/h;
- autonomía: aproximadamente 50 km.
Según los cálculos de los ingenieros, esto debería ser suficiente para los viajes diarios en la metrópolis.
Sus dimensiones compactas facilitaban considerablemente el estacionamiento, y el sistema de propulsión eléctrico hacía que su funcionamiento fuera prácticamente silencioso y ecológico.
¿Por qué el interés no se tradujo en ventas?
Después de su debut en el Salón del Automóvil de Tokio, el vehículo atrajo mucha atención.
Los visitantes quedaron impresionados por su diseño inusual, y los videos que mostraban la carrocería inclinándose se difundieron rápidamente en Internet.
Sin embargo, el interés resultó ser más demostrativo que de consumo.
Una de las principales razones fue el costo.
El precio del i-Road oscilaba entre 14.000 y 16.000 dólares, y por un dinero comparable ya se podía adquirir un automóvil urbano completo.
El coche eléctrico apareció demasiado pronto
Un problema adicional fue la infraestructura.
A principios de la década de 2010:
- había pocas estaciones de carga;
- el carsharing apenas comenzaba a desarrollarse;
- los servicios de alquiler a corto plazo aún no estaban muy extendidos.
Por lo tanto, las ventajas potenciales del transporte eléctrico compacto no pudieron manifestarse plenamente.
Un coche sin categoría
Un obstáculo inesperado fueron también las cuestiones legislativas.
El Toyota i-Road no encajaba en las categorías de vehículos existentes.
No era un automóvil completo, pero tampoco podía clasificarse como motocicleta.
Debido a esto, surgieron preguntas como:
- qué tipo de licencia de conducir se necesitaba;
- cómo tramitar el seguro;
- si se permitía su uso en vías públicas.
Se consideró la opción de clasificar el i-Road como cuadriciclo o vehículo ligero.
Sin embargo, una solución de este tipo imponía automáticamente restricciones adicionales, incluida la imposibilidad de circular por autopistas.
Al no encontrar una solución legal universal, el proyecto se enfrentó a otro serio obstáculo.
Toyota sobrestimó la necesidad del mercado
Al desarrollar el i-Road, la compañía esperaba resolver el problema de las megaciudades japonesas congestionadas.
Se suponía que el transporte eléctrico compacto se convertiría en una alternativa al automóvil para los viajes diarios.
Sin embargo, los cálculos no se cumplieron.
El sistema de transporte japonés es considerado uno de los más eficientes del mundo. El metro y las líneas de tren de cercanías permiten llegar rápidamente a casi cualquier parte de la ciudad, por lo que la necesidad de un transporte personal tan inusual resultó ser significativamente menor de lo esperado.
Una idea que se adelantó a su tiempo
Hoy en día, muchas de las soluciones utilizadas en el Toyota i-Road ya no parecen inusuales.
En los últimos años, se han generalizado:
- vehículos eléctricos;
- carsharing;
- patinetes eléctricos;
- otros medios de movilidad urbana compactos.
Pero en 2013, el mercado no estaba preparado para un vehículo tan inusual.
Como resultado, el i-Road nunca se convirtió en un modelo de producción en serie y siguió siendo un proyecto experimental que demostró el deseo de Toyota de buscar nuevos enfoques para la organización de la movilidad urbana.
Más tarde, el mercado eligió un camino más tradicional
Unos años más tarde, quedó claro que los compradores preferían los automóviles compactos más tradicionales.
Un buen ejemplo es el Nissan Sakura, un kei-car de cuatro plazas completo con un sistema de propulsión eléctrico, un interior práctico y una autonomía suficiente. Este modelo se convirtió rápidamente en el coche eléctrico más popular del mercado japonés.
La propia Toyota también tiene una solución similar.
El Toyota Pixis Epoch es un kei-car clásico de gasolina sin experimentos técnicos inusuales. Su diseño simple, su disposición familiar y su practicidad lo hicieron mucho más comprensible para el comprador masivo que el futurista i-Road.
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