BYD ha dado uno de los pasos más inusuales en el mercado de la conducción inteligente. La compañía anunció que cubrirá de forma independiente los daños por accidentes ocurridos al usar el sistema God's Eye Urban Navigate on Autopilot y la función de estacionamiento automático. De hecho, BYD intentó por primera vez resolver la pregunta principal de toda la industria de la conducción semiautónoma: ¿quién paga si un automóvil se ve involucrado en un accidente mientras el sistema de asistencia al conductor está en funcionamiento?

Según los términos del programa, la compañía promete compensar la reparación del automóvil, los daños a terceros y otras pérdidas directas si el accidente ocurrió con el uso correcto del sistema. La cobertura es válida por un año para los nuevos compradores y propietarios que hayan actualizado a God's Eye 5.0. Al mismo tiempo, los pagos no deben afectar el costo del seguro del automóvil en el futuro.

BYD lanza el programa en un momento de dura competencia con Tesla, Xpeng, Nio y Li Auto. Si Tesla vende FSD como una característica premium, BYD apuesta por la masividad: el paquete God's Eye B cuesta alrededor de 12,000 yuanes (126,000 rublos), lo que es aproximadamente cinco veces más barato que FSD en algunos mercados.

La compañía explica su confianza por el enorme volumen de datos. Según BYD, ya hay más de 3.15 millones de automóviles con sistemas inteligentes de la marca en las carreteras, que recopilan alrededor de 200 millones de km de operación real diariamente.

Pero el significado principal de la noticia es más profundo. Hasta ahora, casi todos los fabricantes de automóviles han transferido legalmente la responsabilidad al conductor, incluso con asistentes de movimiento activos. Ahora BYD, de hecho, convierte la confianza en los algoritmos en una obligación financiera.

Esto podría convertirse en una nueva etapa en el desarrollo del mercado. Si un modelo similar tiene éxito, los competidores se enfrentarán a la presión no solo en términos de tecnología, sino también en el nivel de responsabilidad por el funcionamiento de sus propios sistemas de conducción autónoma.

Paradójicamente, la industria está comenzando a competir no por la cantidad de lidars y la potencia computacional, sino por la disposición de los fabricantes a responder por las decisiones de la inteligencia artificial con su propio dinero.

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