Lanz Bulldog: el tractor que se encendía con fuego y un volante

El tractor alemán con un motor de 10 litros se arrancaba con un soplete y el volante

El tractor que se encendía con fuego y un volante: el fenómeno Lanz Bulldog

Hoy en día, es difícil imaginar un motor de más de 10 litros con un solo cilindro. Aún más difícil es creer que tal unidad pudiera funcionar con casi cualquier combustible líquido, desde petróleo crudo hasta aceite usado. Y para arrancarlo después de un tiempo parado, el tractorista tenía que calentar primero el motor con una llama abierta y luego usar el volante en lugar del motor de arranque.

Así era el Lanz Bulldog alemán, uno de los tractores más inusuales en la historia de la ingeniería mundial. Esta máquina se convirtió en un símbolo de la agricultura alemana y glorificó a la empresa Heinrich Lanz AG durante décadas.

Un cilindro de más de 10 litros

La producción en serie del Lanz Bulldog comenzó en Mannheim en 1921. La característica principal del tractor era su motor: una unidad horizontal de dos tiempos y un solo cilindro de proporciones colosales.

Incluso hoy en día, sus características son impresionantes. La cilindrada era de 10,3 litros, el diámetro del cilindro alcanzaba los 225 mm y la carrera del pistón era de 260 mm. Las dimensiones del único cilindro son bastante comparables a las de un cubo doméstico común.

Sin embargo, el enorme volumen no significaba una alta potencia. Dependiendo de la versión, el motor desarrollaba aproximadamente 45-55 caballos de fuerza. Su principal fortaleza no eran las características de velocidad, sino el par a las revoluciones mínimas.

El rango de funcionamiento estaba entre 540 y 750 rpm. Al mismo tiempo, el motor podía funcionar casi al borde de la parada, emitiendo golpes sordos y raros, más parecidos a disparos de artillería que al funcionamiento de un motor habitual.

Las ventajas de este esquema eran:

  • diseño extremadamente simple;
  • capacidad para funcionar con diferentes tipos de combustible;
  • alta fiabilidad;
  • excepcional durabilidad en condiciones de funcionamiento difíciles.

Pero el proceso de arranque de este motor era especialmente inusual.

Un soplete en lugar de la llave de encendido

Los primeros Lanz Bulldog carecían de los elementos habituales de la tecnología moderna:

  • motor de arranque eléctrico;
  • bujías;
  • un sistema de arranque completo.

El tractor estaba equipado con un motor de bulbo caliente, también conocido como hot-bulb engine. En la parte delantera de la culata había una cámara de incandescencia especial, el llamado bulbo caliente. A diferencia de otros elementos del motor, no se enfriaba con agua.

Antes de arrancar el motor frío, el tractorista tomaba un soplete y calentaba el bulbo con una llama abierta durante 10-15 minutos. Una vez que el metal se ponía al rojo cereza, se podía proceder al arranque.

El combustible, al entrar en la cámara incandescente, se evaporaba y se encendía debido a la temperatura y la compresión de la mezcla.

Sin embargo, quedaba otro problema: ¿cómo girar el cigüeñal de un motor de más de diez litros?

Los ingenieros lo resolvieron de una manera muy original. El volante, junto con el eje, se retiraba del asiento del conductor y se instalaba en un receptáculo especial en el extremo del cigüeñal. Usando el volante como una enorme manivela, el tractorista hacía girar el motor manualmente. Después del arranque, se retiraba el eje y el volante volvía a su lugar.

Después de esto, el motor podía funcionar durante mucho tiempo sin parar. Pero la máquina tenía otra característica que hoy parece completamente increíble.

Cómo el tractor iba hacia atrás sin marcha atrás

En las primeras versiones del Lanz Bulldog, la marcha atrás no existía en absoluto. Sin embargo, la necesidad de moverse hacia atrás no desaparecía.

La solución se encontró gracias a las características del motor de dos tiempos de bajas revoluciones.

Para activar la "marcha atrás", el conductor reducía casi por completo el suministro de combustible. El enorme volante perdía velocidad gradualmente. En un momento determinado, su energía ya no era suficiente para pasar el punto muerto superior y superar la compresión.

Luego ocurría un proceso inusual:

  • el pistón comprimía el aire;
  • el motor prácticamente se detenía;
  • el aire comprimido empujaba el pistón hacia atrás;
  • en ese momento, se producía la ignición de la mezcla;
  • el cigüeñal comenzaba a girar en sentido contrario.

Como resultado, el motor arrancaba en sentido inverso.

Después de esto, el tractorista ponía la primera marcha normal y aceleraba. La máquina comenzaba a moverse hacia atrás sin ninguna marcha atrás separada.

Este método requería una gran experiencia, buen oído y un sentido preciso del momento. Sin embargo, se utilizó con éxito en la práctica durante muchos años.

Por qué el legendario tractor pasó a la historia

A mediados de la década de 1950, las ventajas del diseño dejaron de superar gradualmente sus desventajas.

La maquinaria agrícola se desarrollaba rápidamente. Aparecieron en el mercado:

  • motores multicilíndricos;
  • motores de arranque eléctricos;
  • transmisiones más cómodas;
  • combustible diésel estandarizado.

En comparación con ellos, el pesado tractor monocilíndrico, que requería calentamiento con un soplete antes de arrancar, parecía cada vez más arcaico.

El punto de inflexión llegó en 1956, cuando la corporación estadounidense John Deere adquirió una participación mayoritaria en Heinrich Lanz AG.

Al principio, los legendarios tractores recibieron la pintura verde y amarilla de la marca del nuevo propietario. Luego, la empresa estadounidense comenzó a adaptar gradualmente la producción a sus propios estándares técnicos.

Los motores de bulbo caliente ya no cumplían con los requisitos de la época. Ya en 1960, aparecieron nuevos tractores John Deere-Lanz, equipados con motores multicilíndricos modernos.

Pronto, la producción de los Bulldog monocilíndricos se detuvo definitivamente. Unos años más tarde, el nombre Lanz también desapareció: después de 1967, ya no se usó en el nombre de la empresa.

Una máquina que se convirtió en leyenda

Hoy en día, el Lanz Bulldog se ha convertido en una pieza de colección de culto. Los ejemplares bien conservados se valoran en cientos de miles de euros en las subastas.

Este tractor sigue siendo un monumento a una época en la que la tecnología se creaba principalmente por su fiabilidad y su capacidad para funcionar en cualquier condición. El enorme motor monocilíndrico, el arranque con fuego y el volante, así como la capacidad de cambiar la dirección de movimiento invirtiendo el propio motor, hicieron del Lanz Bulldog una de las máquinas agrícolas más inusuales y reconocibles de la historia.

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