Volvo Cars ha puesto fin, de hecho, a la era de sus propios motores de combustión interna. La compañía ya no posee ninguna fábrica de motores de combustión interna, aunque sigue vendiendo modelos híbridos y de gasolina. El último paso fue la transferencia de la planta de motores en Skövde, Suecia, a Horse Powertrain, un proyecto conjunto de Renault Group y Geely. Horse será ahora quien produzca motores y sistemas de propulsión híbridos para Volvo, Renault, Nissan, Mitsubishi y varias otras marcas.
Para Volvo, este es un giro estratégico. La compañía ha decidido centrarse en el desarrollo de vehículos eléctricos, software y tecnologías de baterías, y externalizar la producción de motores de combustión interna. Sin embargo, la marca aún no puede renunciar por completo a los coches de gasolina: la demanda de híbridos sigue siendo alta, especialmente en Estados Unidos y Europa.
La paradoja es que Volvo prometió hace unos años convertirse en una marca totalmente eléctrica para 2030. Pero la situación del mercado ha cambiado. Muchos fabricantes de automóviles han comenzado a ralentizar el ritmo de abandono de los motores de combustión interna debido a la débil infraestructura de carga, el alto costo de las baterías y la demanda inestable de vehículos eléctricos.
La historia de Horse Powertrain también muestra una tendencia más amplia de la industria. Los motores de combustión interna se están transformando gradualmente de una tecnología única de una marca específica en un "módulo" universal para diferentes empresas, de manera similar a como sucedió antes con las plataformas y las cajas de cambios.
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