La historia de la industria automotriz conoce muchas soluciones técnicas que aún causan desconcierto. Y lo que es especialmente revelador es que tales experimentos a menudo no aparecían en el segmento premium. Un claro ejemplo es el Volkswagen Passat de la generación B3, que destacaba fuertemente entre sus competidores por la ausencia de la rejilla del radiador habitual. Intentemos averiguar por qué los ingenieros dieron ese paso y cómo se enfriaba el motor de este automóvil alemán, esencialmente "popular".

Renuncia al elemento habitual

La rejilla del radiador es una pieza constructivamente simple y bien conocida que tiene ventajas obvias y desventajas igualmente notables. Su función principal es permitir que el flujo de aire entre en el compartimento del motor, proporcionando refrigeración natural al motor. En muchos modos de conducción, este flujo es suficiente para que el motor no se sobrecaliente incluso sin encender el ventilador.

 Volkswagen Passat B3
 Volkswagen Passat B3

Sin embargo, la rejilla también tiene un lado negativo. Empeora la aerodinámica de la carrocería, creando turbulencias en los flujos de aire, especialmente notables a alta velocidad. Además, piedras, suciedad de la carretera e insectos vuelan hacia el interior a través de los orificios delanteros. Con el tiempo, el radiador se obstruye, la eficiencia de la transferencia de calor disminuye y, en casos extremos, es posible que se produzcan daños mecánicos, hasta fugas de refrigerante.

Precisamente teniendo en cuenta estos factores, los ingenieros de Volkswagen decidieron dar un paso radical y renunciar por completo a la rejilla del radiador en el Passat B3. La apariencia del automóvil resultó atípica e inmediatamente llamó la atención, y la parte delantera cerrada permitió lograr un coeficiente de resistencia aerodinámica de 0,28, un indicador muy digno para su época.

¿Cómo se las arregló el motor sin sobrecalentarse?

Incluso hoy en día, la mayoría de los automóviles conservan la rejilla del radiador clásica. Las excepciones son principalmente los vehículos eléctricos, cuyo sistema de refrigeración está construido según otros principios. Aún más interesante es la pregunta: ¿cómo fue posible implementar un esquema similar a finales del siglo pasado, cuando las tecnologías eran notablemente más modestas que las actuales?

La respuesta fue un sistema de suministro de aire oculto, llamado Bottom breather, que puede traducirse como "que respira desde abajo". La toma de aire se realizaba a través de un elemento especial en la parte inferior del parachoques delantero, debajo de la matrícula. Allí se colocaba una especie de "labio" que dirigía el flujo hacia el interior de la estructura. A continuación, el aire pasaba a través de una cubierta de plástico directamente al radiador, asegurando su refrigeración.

 Volkswagen Passat B3
 Volkswagen Passat B3

Como resultado, el sistema resultó relativamente hermético. Esto tuvo un efecto positivo no solo en la aerodinámica, sino también en el confort acústico: a alta velocidad, el nivel de ruido disminuía. En la estación fría, se manifestaba otro efecto: el compartimento del motor cerrado ayudaba al motor a mantener la temperatura de funcionamiento durante más tiempo y a no enfriarse demasiado al circular por la carretera.

También merece una atención especial la organización de la admisión de aire en el motor. La tubería se colocó justo detrás del emblema de Volkswagen, y el propio logotipo estaba equipado con ranuras a través de las cuales entraba el aire. Sin embargo, algunos propietarios preferían instalar paneles no originales con orificios tradicionales, devolviendo al automóvil un aspecto más familiar.

¿Por qué se abandonó la idea?

A pesar de las ventajas obvias, la explotación reveló también serias deficiencias de este esquema. La toma de aire desde abajo prácticamente no protegía el radiador de la suciedad. Por el contrario, las hojas y la suciedad entraban activamente en el interior, por lo que la estructura tenía que limpiarse con mucha más frecuencia que en los automóviles con una rejilla clásica. En invierno, la situación empeoraba: la nieve penetraba en los conductos de aire, se convertía en hielo y reducía la eficiencia de la refrigeración.

Otro problema fue la complicación de la estructura. Los daños en las tuberías o la cubierta de plástico empeoraban inmediatamente la disipación del calor del radiador. No siempre era posible eliminar este tipo de avería en la carretera, lo que podía acarrear serios problemas para el conductor.

Desde un punto de vista estético, la ausencia de la rejilla del radiador también resultó ser una decisión controvertida. Para algunas marcas, este elemento se ha convertido en una parte importante del estilo corporativo, como, por ejemplo, las "fosas nasales" de BMW. El Passat B3 sin rejilla parecía futurista y destacaba entre sus competidores, pero después de unos años el efecto de novedad desapareció y el diseño inusual dejó de percibirse como una ventaja.

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Fuentes
Avtovybor

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