Lo que comenzó como una broma para entusiastas se ha convertido inesperadamente en uno de los fenómenos automovilísticos más inusuales del año. La carrera francesa de microcoches Citroën Ami se ha vuelto viral en Twitch y ha atraído a una audiencia que muchos campeonatos amateur tradicionales solo pueden soñar.

La esencia de la competición parece casi cómica: decenas de equipos participan en una carrera de varias horas con Citroën Ami eléctricos, pequeños coches urbanos eléctricos con una potencia de solo unos 8 caballos y una velocidad máxima de aproximadamente 45 km/h.

Sobre el papel, esto suena como lo opuesto a todo lo que normalmente se asocia con el automovilismo. Aquí no hay hipercoches, presupuestos enormes, motores ruidosos ni velocidades récord. Pero precisamente esto es lo que ha hecho que el proyecto sea popular.

En lugar de luchar por la velocidad absoluta, los espectadores obtuvieron un formato casi ideal para el streaming: coches lentos, adelantamientos constantes, situaciones cómicas, accidentes a velocidades mínimas y la sensación de que casi cualquier persona podría participar teóricamente en una carrera así. De hecho, la competición resultó estar más cerca de la cultura de Twitch y YouTube que del automovilismo tradicional. Los espectadores no siguen tanto el resultado como el proceso en sí y las historias de los participantes.

Es notable que esto ocurra en un momento en que muchas series importantes intentan atraer a una audiencia joven a través de las redes sociales, videos cortos y contenido digital. La Fórmula 1 ha logrado un éxito significativo gracias a la serie Drive to Survive, y varias competiciones de streamers y carreras de bloggers regularmente atraen millones de visitas.

En este contexto, la carrera de Citroën Ami muestra una tendencia inesperada: para el espectador moderno, el rendimiento absoluto de la tecnología es cada vez menos importante. Mucho más importante es el entretenimiento, la accesibilidad y la capacidad de conectar emocionalmente con los participantes.

En cierto sentido, el Ami repite el camino del karting de décadas pasadas. Solo que ahora el papel del automovilismo accesible para la nueva generación no lo juega un kart de gasolina, sino un coche eléctrico urbano ultracompacto.

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