La historia de la entrada de los fabricantes de automóviles coreanos en el mercado ruso muestra claramente cómo se transforma la percepción de las marcas con el tiempo. El ejemplo de Hyundai y Kia demuestra que la actitud de los compradores puede cambiar radicalmente en tan solo unos años, siempre que exista una estrategia coherente y se cumplan las expectativas del público.
Período de escepticismo: «solución temporal»
A principios de la década de 2010, cuando apareció el Hyundai Solaris en el mercado, la reacción fue en gran medida predecible. En el ámbito profesional y de consumo se escuchaban formulaciones similares: «un coche coreano es una opción temporal», «es mejor elegir un japonés o un europeo», «es un coche para sustituir algo más prestigioso».
Esta actitud existía no solo entre los clientes, sino también dentro de las estructuras de los concesionarios. Las marcas coreanas se percibían más bien como una alternativa económica a los actores reconocidos, y no como una elección independiente y consciente. Sobre todo porque el mercado estaba saturado en aquel entonces: Ford, Opel estaban operando activamente, y las marcas japonesas y europeas ocupaban posiciones fuertes. La competencia no era solo por el precio, sino también por el estatus.
¿Qué cambió la situación?
El cambio se produjo gradualmente, sin saltos bruscos. Las empresas coreanas implementaron varios pasos consecutivos.
Localización de la producción. El lanzamiento del ensamblaje en Rusia permitió reducir la dependencia de las fluctuaciones cambiarias y mantener precios competitivos. Para el segmento masivo, esto fue de importancia fundamental.
Estrategia clara de «precio/equipamiento». El comprador recibía un coche moderno con un conjunto de opciones bien pensado por un precio que parecía justificado en comparación con la competencia. Los coches no se percibían como «vacíos», sino que ofrecían lo que esperaba el cliente masivo.
Adaptación a las condiciones rusas. Poco a poco, los coches se fueron perfeccionando teniendo en cuenta el clima, las características de las carreteras y las peculiaridades de la explotación. Paralelamente, se amplió la red de servicio, lo que redujo la barrera de la desconfianza.
En aproximadamente cinco años, la actitud cambió notablemente. Los modelos coreanos dejaron de asociarse con un compromiso y comenzaron a percibirse como una elección racional. A mediados de la década, se encontraban constantemente entre los líderes de ventas.
Es importante destacar que esto no ocurrió debido a un cambio brusco de actitud, sino porque el producto y la estrategia coincidieron gradualmente con las expectativas del mercado.
¿Por qué se repite un escenario similar ahora?
Hoy en día, se están desarrollando debates similares en torno a los automóviles chinos. Escepticismo, preguntas sobre la calidad, comparación con marcas conocidas: todo esto ya se escuchó hace 10-15 años con respecto a las marcas coreanas.
Mientras tanto, el mercado está nuevamente en una fase de transformación. Los fabricantes que permanecen e invierten en el desarrollo están pasando por etapas familiares:
- amplían las líneas de modelos
- localizan la producción
- adaptan los automóviles a las condiciones locales
- forman una base de experiencia operativa real
Precisamente este último factor resulta decisivo. Cuando los automóviles se utilizan durante varios años sin quejas importantes, la opinión pública comienza a cambiar más rápido que cualquier campaña publicitaria.
¿Por qué los cambios siempre llevan tiempo?
El mercado automotriz es inercial por naturaleza. La confianza se construye durante años, y los nuevos actores casi inevitablemente se enfrentan a la desconfianza. La primera generación de modelos se percibe con mayor frecuencia como un experimento.
Sin embargo, a medida que se acumula la experiencia masiva de propiedad, la actitud se corrige. Así sucedió con las marcas coreanas en Rusia, y así cambió anteriormente la percepción de los automóviles japoneses en los mercados europeos. El escenario se repite: duda, interés cauteloso, aceptación masiva.
La historia de las marcas coreanas demuestra una simple regularidad: la reputación no se construye a través de declaraciones publicitarias, sino gracias al tiempo y la experiencia real del usuario. Las nuevas marcas primero generan preguntas, luego se convierten en una alternativa y, más tarde, en una parte integral del mercado.
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