Volante a la derecha al estilo soviético: las inusuales "Volga" GAZ-24

Cómo los automóviles de exportación regresaban a la URSS y se convertían en un símbolo de estatus especial

Es fácil imaginar una calle típica de una ciudad soviética a mediados de la década de 1970: un denso flujo de "Zhigulí" y "Moskvich", y entre ellos, un "Volga" GAZ-24 estricto e imponente. A primera vista, nada inusual. Pero en cuanto el coche se detiene, la ilusión se desvanece: la puerta del conductor se abre a la derecha. Para un transeúnte al azar, esto parecía casi un truco. Un coche propio, familiar hasta la última moldura cromada, y de repente un volante "ajeno", como sacado de películas extranjeras. Estos "Volga" con volante a la derecha siempre destacaban. No eran solo un medio de transporte, sino portadores de biografías: diplomáticas, marítimas, casi inaccesibles para la mayoría. Para entender de dónde venían y quién los conducía, es necesario remontarse a los orígenes.

La exportación como norma, no como excepción

La planta de automóviles de Gorki inicialmente trabajaba no solo para el mercado interno. El "Volga" fue considerado desde sus primeros años como un buque insignia de exportación, un automóvil escaparate destinado a demostrar el nivel técnico del país. Por lo tanto, los países con circulación por la izquierda (Gran Bretaña, Japón, India, Australia) también entraban en la esfera de interés. De esta dirección se encargaba la asociación "Avtoexport", y bajo sus pedidos en Gorki se ensamblaban regularmente lotes especiales de coches con volante a la derecha.

Se trataba precisamente de una ejecución de fábrica, no de modificaciones artesanales. La disposición cambiaba por completo: se trasladaban de forma especular la dirección y los pedales, se corregía la iluminación para que los faros no deslumbraran al tráfico que venía de frente. En algunos casos, se mejoraba la ventilación y, para el clima húmedo de los países insulares, se reforzaba la protección anticorrosiva de la carrocería.

En los mercados extranjeros, el "Volga" era percibido como un automóvil de clase alta. Según los recuerdos del periodista e historiador Leonid Gomberg, en Inglaterra podían permitírselo un médico o un abogado, que valoraban la solidez de su aspecto y el exotismo de la marca. El coche no competía con modelos económicos, sino con cómodos sedanes del segmento medio. Para Japón, en cambio, se preparaban versiones especialmente acabadas: el nivel de montaje y la calidad del interior eran de importancia decisiva. Precisamente estos ejemplares de exportación, fabricados con mayor atención al detalle, a veces regresaban a la URSS, diferenciándose favorablemente de los coches "domésticos".

El camino de vuelta: personas y destinos

La gran mayoría de los "Volga" con volante a la derecha permanecieron en el extranjero, pero una parte llegó a la Unión junto con sus propietarios. El principal canal eran los ciudadanos soviéticos que trabajaban durante mucho tiempo en el extranjero: diplomáticos, empleados de representaciones comerciales, periodistas, ingenieros y especialistas en obras de construcción en el extranjero. Según las normas vigentes, tenían derecho a importar un automóvil después de finalizar su misión. Viviendo en Inglaterra o Japón, muchos elegían el conocido "Volga" en su versión local con volante a la derecha: fiable, con estatus y fácil de mantener. Al regresar a casa, la persona se convertía en propietaria de un coche nuevo sin la espera de muchos años en la cola. Estos automóviles a menudo se concentraban en Moscú, en las zonas de residencia de los trabajadores de los departamentos "de viaje".

Un papel especial lo desempeñaban los marineros de larga distancia. La divisa ganada les permitía comprar un "Volga" usado con volante a la derecha en ciudades portuarias, por ejemplo, en Singapur o Bombay. El coche se enviaba en un contenedor como propiedad personal, entregándolo en Odesa o Leningrado. El camino era complicado, pero daba la oportunidad de adquirir un automóvil sin estatus diplomático. A menudo, estos "Volga" llevaban las huellas del servicio tropical: laca descolorida, opciones inusuales, olores de países extranjeros y pequeños artefactos en el interior.

Con el tiempo, parte de estos coches llegaba al mercado interno de segunda mano. Debido a las molestias del volante a la derecha, el precio podía ser incluso inferior al de la versión estándar. Pero para un determinado círculo, precisamente esta rareza era la principal ventaja. Conducir un coche "desde ese lado" atraía instantáneamente la atención: de los transeúntes, de los vecinos del garaje, de los inspectores de la policía de tráfico, que a menudo iniciaban la conversación con una pregunta sobre el origen del automóvil. Era una prueba muda de la biografía especial del propietario.

La vida cotidiana entre el riesgo y el estatus

Conducir un "Volga" con volante a la derecha en condiciones de circulación por la derecha requería costumbre y valentía. La maniobra más difícil seguía siendo el adelantamiento: para ver el carril contrario, el conductor se estiraba hacia delante o confiaba en las indicaciones del pasajero de la izquierda. Cualquier interacción con el mundo exterior (pago, conversación con un inspector) se convertía en una pequeña prueba.

Sin embargo, estas molestias se compensaban con la sensación única de posesión. En un flujo monótono de coches, este "Volga" se convertía instantáneamente en el centro de atención. Servía como símbolo de escasez al revés: una rareza que subrayaba la experiencia, los contactos y los viajes pasados del propietario. Por este estatus, muchos estaban dispuestos a tolerar las peculiaridades de la explotación.

Con el tiempo, cambiando de dueños, los "Volga" con volante a la derecha pasaban a manos de entusiastas. Su valor se desplazaba del plano social al histórico y técnico. Algunos automóviles se convertían al volante a la izquierda, pero los expertos se esforzaban por conservar la disposición original, entendiendo que precisamente ella constituía la esencia principal del coche. Las versiones de exportación a menudo servían para la fábrica como una especie de campo de pruebas, donde se desarrollaban soluciones que luego se aplicaban también en la producción en serie.

Legado

Hoy en día, el "Volga" con volante a la derecha se percibe como una reliquia viva de la época. Cada automóvil de este tipo es un testigo de un tiempo en que el mundo estaba dividido por fronteras, pero algunos de sus fragmentos aún penetraban en el interior del país en forma de paradojas similares. Es un recordatorio de que la historia se compone no solo de esquemas oficiales, sino también de rutas privadas, casi detectivescas. De cómo un coche soviético, creado para carreteras con circulación por la izquierda, después de largos viajes terminaba en un garaje en algún lugar cerca de Moscú y seguía contando su inusual historia a quienes estaban dispuestos a escucharla.

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