El invierno se considera una de las pruebas más duras para un automóvil, y las dificultades no se limitan a los arranques en frío del motor. Al circular por una mezcla de nieve, agua y reactivos de carretera, se produce continuamente bajo las ruedas un proceso lento pero destructivo.
Las sustancias químicas agresivas, combinadas con cambios bruscos de temperatura (desde discos de freno al rojo vivo hasta charcos helados), crean las condiciones ideales para la corrosión. En este entorno, el elemento más vulnerable suele ser la pinza de freno.
Muchos conductores parten de una lógica sencilla: si el coche frena, significa que el sistema funciona correctamente. En la práctica, esto es un error peligroso. La peculiaridad de la pinza es que puede funcionar solo parcialmente: al frenar, la pastilla se presiona contra el disco, pero después de soltar el pedal no siempre vuelve a su posición original.
A menudo, durante todo el invierno, los automóviles se utilizan con los frenos parcialmente bloqueados. Los conductores notan un aumento en el consumo de combustible o una aceleración "pesada", sin relacionar estos síntomas con el sistema de frenos. En primavera, estos casos a menudo terminan con la necesidad de reemplazar los discos de freno en todo el automóvil.
Al mismo tiempo, es posible identificar el problema sin acudir a un servicio técnico y sin utilizar equipos complejos. Existen formas sencillas de comprender directamente en el lugar que los frenos necesitan atención.
Prueba n.º 1: comprobación del recorrido libre
Uno de los métodos más accesibles de diagnóstico primario, que proporciona una idea clara del estado de los frenos.
Es necesario encontrar un tramo de carretera llano y despejado de nieve, sin pendiente. El automóvil acelera hasta 40–50 km/h, después de lo cual se suelta completamente el pedal del acelerador.
En los automóviles con caja de cambios manual, se permite la activación breve del punto muerto. En los automóviles con transmisión automática, basta con quitar el pie del acelerador.
Un automóvil en buen estado rueda libremente, disminuyendo la velocidad de forma gradual y predecible. Si se tiene la sensación de que el coche está siendo retenido desde atrás, la desaceleración se produce a tirones o el coche se detiene de forma demasiado brusca, esta es la primera señal de alarma.
La sensación característica de que el automóvil se ha quedado con el freno de mano puesto con la palanca bajada suele indicar que las pastillas de freno no se separan por completo.
Prueba n.º 2: comprobación de la temperatura (la más fiable)
Este método se distingue por su alta precisión y permite determinar la rueda problemática concreta.
Es importante respetar las normas de seguridad: después de un viaje, no se deben tocar con los dedos los discos de freno, ya que el riesgo de quemaduras instantáneas es extremadamente alto.
La comprobación se realiza de la siguiente manera. En un modo urbano normal, el automóvil recorre 3–5 kilómetros, evitando frenadas bruscas antes de detenerse. Después de detenerse, es necesario salir del coche y tocar con cuidado con la mano la parte metálica de la llanta más cerca del centro.
En condiciones normales, las cuatro ruedas tienen aproximadamente la misma temperatura: están calientes, pero no queman. Se permite que las ruedas delanteras estén un poco más calientes que las traseras, ya que la carga sobre ellas es mayor.
Si tres ruedas permanecen simplemente calientes y la cuarta está muy caliente, es imposible tocarla o se percibe un olor a quemado, se ha detectado la fuente del fallo.
En esta rueda, la pinza se ha atascado. El pistón o las guías no permiten que las pastillas se separen y continúan rozando el disco durante la conducción, calentando el conjunto del freno hasta temperaturas críticas.
¿Por qué se produce el atascamiento de la pinza?
Este tipo de fallo puede aparecer incluso en un automóvil relativamente nuevo. Hay dos causas principales, y ambas son bastante comunes.
La primera es un guardapolvo dañado. Una pequeña pieza de goma en la guía o el pistón puede agrietarse debido a las heladas. La humedad con sal entra en el interior y, en pocas semanas, la superficie lisa del metal se cubre de corrosión, lo que provoca que el mecanismo pierda movilidad.
La segunda causa común es el uso de una grasa lubricante inadecuada. Todavía es común el uso de grasa de grafito, Litol o incluso pasta de cobre.
Se debe tener en cuenta que las grasas a base de aceite mineral destruyen los guardapolvos de goma de la pinza. La goma se hincha, la hermeticidad se ve comprometida y la propia grasa se seca con el tiempo y se convierte en una masa sólida. Para las guías de la pinza solo se permiten compuestos sintéticos especiales, generalmente a base de polialquilenglicol. Las soluciones universales y de "garaje" no funcionan en este nodo.
¿Qué riesgos conlleva ignorar el problema?
El uso de un automóvil con una rueda constantemente sobrecalentada conduce rápidamente a una cadena de gastos.
En primer lugar, sufre el cojinete del cubo: debido al sobrecalentamiento, la grasa se evapora y luego aparece un zumbido característico. A continuación, falla el disco de freno. El metal al rojo vivo se deforma al entrar en contacto con agua fría, aparece una vibración en el volante y el disco deja de ser apto para su uso posterior. Además, aumenta el consumo de combustible. El automóvil supera constantemente una resistencia adicional, lo que provoca que el consumo de combustible en invierno aumente en 1–2 litros sin razones objetivas.
Toda la comprobación no lleva más de dos minutos después de regresar a casa. Basta con salir del automóvil, rodearlo y evaluar la temperatura de las llantas. Un calentamiento uniforme significa un funcionamiento normal de los frenos. Si una de las ruedas se sobrecalienta notablemente, se requiere una prevención inmediata, antes de que sea necesario reemplazar toda la pinza.