En el diccionario automotriz hay suficientes términos que suenan alarmantes: "punto ciego", "distancia de frenado"… Pero nada causa tanta frialdad como la expresión Suicide Doors: "puertas suicidas".
Seguramente las has visto: puertas traseras que tienen las bisagras en la parte trasera y la cerradura en la parte delantera. Hoy en día, es una característica distintiva de Rolls-Royce o algo exótico como el Mazda RX-8. Pero, ¿por qué un nombre tan sombrío? ¿Es cierto que la gente se caía de los coches en marcha?
Podría pensarse: ¿quién se pondría a abrir una puerta a toda velocidad? Pero basta con profundizar en la historia y un poco en la física para darse cuenta de que el nombre no surgió por una bonita sonoridad. Es un recordatorio directo de una época en la que no existían los cinturones de seguridad y las carreteras parecían una tabla de lavar.
Capítulo 1. Herencia del carruaje: cuando era la norma
Al principio, las puertas con bisagras traseras no sorprendían a nadie, eran el estándar. Basta con observar los antiguos carruajes tirados por caballos: casi todos tenían puertas que se abrían hacia atrás.
¿Por qué?
- Máxima comodidad para entrar. A una dama con un vestido de varias capas le resulta más fácil entrar en el habitáculo cuando la puerta se abre hacia delante, en lugar de obligarla a dar vueltas a su alrededor.
- Comodidad para el portero. A los sirvientes les resultaba más fácil abrir esa puerta y ofrecer la mano al pasajero.
No es de extrañar que en los años 20 y 30 esta construcción se encontrara en todas partes, desde los Citroën Traction Avant de producción masiva hasta los lujosos Bugatti. Entonces se les llamaba de forma mucho más romántica: coach doors, "puertas de carruaje".
Los verdaderos problemas surgieron más tarde, cuando los coches aprendieron a ir más rápido que los caballos.
Capítulo 2. Aerodinámica de la muerte: por qué se consideraron peligrosas
Aquí es donde la física entra en escena, y lo hace con fuerza.
Imagina una puerta normal (bisagras en la parte delantera). La abres un poco a velocidad y el flujo de aire la cierra de nuevo. La aerodinámica te salva de tu propio error.
Ahora imagina una puerta "suicida":
- Accidentalmente tocas la manija o la cerradura cede (en los años 30 y 40 esto era normal, las cerraduras eran casi decorativas).
- La puerta se entreabre literalmente un milímetro.
- El flujo de aire la arranca inmediatamente hacia fuera, abriéndola con toda la fuerza que puede el viento en contra.
¿Y qué ocurre en ese momento?
- El pasajero que se agarraba a la manija salía despedido del habitáculo, porque la puerta literalmente lo arrastraba hacia fuera.
- Si no tenía tiempo de agarrarse, un giro podía hacerlo por él: la fuerza centrífuga lanzaba a la persona directamente al hueco.
Intenta imaginarte dentro de un coche de los años 30. No hay cinturones. Las carreteras son un continuo temblor. Las bisagras son débiles. Clic, y el pasajero ya no está en el coche. ¿Da miedo? Por eso la gente le dio a estas puertas un apodo tan espantoso.
Capítulo 3. Lincoln Continental: el estilo, más fuerte que el miedo
A pesar del riesgo, a los diseñadores les encantaban estas puertas, tenían un toque teatral especial. Un verdadero símbolo fue el modelo Lincoln Continental de 1961, el mismo coche de época en el que viajaba Kennedy.
Los ingenieros de Ford eligieron este esquema no por belleza, sino por necesidad: estaban haciendo un raro descapotable de 4 puertas. Para garantizar una entrada cómoda en la parte trasera, sin convertir las puertas en escotillas de avión, tuvieron que mover las bisagras hacia atrás. El resultado fue tan espectacular que se convirtió en el estilo característico del Continental durante muchos años.
Y también fue Lincoln quien demostró que el peligro podía ser domesticado. Introdujeron un bloqueo de vacío para las cerraduras, que bloqueaba las puertas a muerte cuando el coche empezaba a moverse. Para la época, esto era casi magia.
Capítulo 4. Ocaso y segunda venida: trucos de ingeniería
En la década de los 70, la era de la seguridad llegó en serio. Apareció Ralph Nader, los requisitos se hicieron más estrictos y las puertas con bisagras traseras se extinguieron casi por completo. Pero no para siempre.
Hoy en día, estas puertas vuelven a aparecer, pero con un aspecto completamente diferente.
Rolls-Royce
Nada de "suicide", solo coach doors. Allí hay una electrónica compleja que no permite que la puerta se abra ni siquiera al intentarlo. El sistema cierra la puerta automáticamente si no la has cerrado del todo. Todo es seguro hasta la paranoia: premium es premium.
Mazda RX-8 / BMW i3
Aquí funciona el esquema Clamshell: "doble concha". La puerta trasera nunca se abrirá primero: está cerrada con la delantera. Mientras la delantera esté cerrada, la trasera está bloqueada. Riesgos: cero, máxima comodidad.
Toyota FJ Cruiser
El mismo concepto: las puertas están diseñadas para facilitar el acceso y el efecto visual, no para el riesgo.
La historia de las puertas "suicidas" es una evolución sorprendente desde una norma banal hasta una solución mortalmente peligrosa, y luego hasta un símbolo de lujo y victoria de la ingeniería sobre la aerodinámica.
Estas puertas son uno de los elementos más estéticos del diseño automotriz. Tienen un gesto, una ceremonia, casi teatralidad. Y es maravilloso que las tecnologías modernas hayan permitido preservar este efecto, eliminando todo ese contexto sombrío que una vez les dio su nombre espeluznante.